domingo, 20 de octubre de 2013

Las siete reglas de Paracelso para la vida / 


Paracelso fue una figura de proporciones titánicas. Expresó ideas que eran esencialmente extraterrestres para su generación y plantó las semillas de un nuevo mundo en el campo de la química, la magia y la medicina. No sólo los movimientos importantes en la medicina alternativa del siglo XIX se desarrollaron a partir de su sistema, sino que enseñó al mundo la necesidad de observar la naturaleza de cerca y vivir a partir de sus dinámicas.
En sus reglas, Paracelso engloba la salud absoluta en una serie de instrucciones muy sencillas. La respiración, la alimentación, la bondad, la concentración y la confianza en la vida y en uno mismo como método de virtud y sublimación. Habla con especial énfasis sobre el valor del silencio y la discreción —como también afirmaba Sócrates en sus tres tamices-, y de llevar una vida sin desbordamientos.

1. Lo primero es mejorar la salud.
Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente, en pequeños sorbos, dos litros de agua; comer muchas frutas; masticar los alimentos del modo más perfecto posible; evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente es un hábito que debes a tu propia dignidad.

2. Destierra absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, todo idea de pesimismo, rencor, odio, tedio , tristeza, venganza y pobreza.
Huye como de la peste de toda ocasión de tratar con personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanas o vulgares y de la inferioridad natural básica de entendimiento o de los tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la textura espiritual de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, ya que este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3. Haz todo el bien posible.
Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por una persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4. Olvida toda ofensa. Más aún: esfuérzate por pensar bien de tu mayor enemigo.
Tu alma es un templo que jamás debe ser profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero esta no te hablará así de repente; tienes que prepárate por un tiempo, destruir las capas superpuestas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu que es divino y perfecto en sí mismo, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5. Reclúyete todos los días, siquiera por media hora, en donde nadie pueda perturbarte. Siéntate lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pienses en nada en específico.
Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio suelen ocurrírsenos ideas luminosas, capaces de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en dichos instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el diamante del que habla Sócrates.

6. Debes guardar absoluto silencio en cuanto a tus asuntos personales.
Abstente, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun a tus más íntimos, todo cuanto pienses, escuches, sepas, aprendas, sospeches o descubras. Por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es una regla de suma importancia.

7. Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana.
Ten el alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y la desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas con buena suerte veras que intuitivamente observan gran parte de las reglas que anteceden aquí. Es cierto que muchas personas que gozan de grandes riqueza no son del todo buenas en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha. Puede ser uno de los factores que conducen a ella gracias al poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es Egoísmo. Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva que es como un pecado mortal contra el Espíritu Santo.
Tagged: Paracelso, consejos, consejos de vida, consejos vitales, metafísica y misticismo Credits: Imagen (David Vigh)

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