miércoles, 16 de octubre de 2013

Un hilo dorado en el abismo: la fascinante relación entre las enfermedades mentales, la creatividad y el chamanismo

Un hilo dorado en el abismo: la fascinante relación entre las enfermedades mentales, la creatividad y el chamanismo

Investigaciones científicas muestran una estrecha relación entre la creatividad y las enfermedades mentales; sin embargo, estas enfermedades, que tan fácil se diagnostican, podrían en otro ambiente y en otro paradigma, ser lo que distingue a un chamán del resto de las personas.

Por: Alejandro de Pourtales -

La modernidad ha dibujado el estereotipo del genio loco –el científico loco, o el artista, que siendo una fuerza de la naturaleza en el ejericio de su creatividad, pierde su mente. Esta imagen a la vez simplifica, romantiza, hace un cliché y rechaza tácitamente a uno de los principales arquetipos de la constelación de personalidades que tiene la psique humana y la sociedad como eje en constante fricción y evolución. Y, sin embargo, tiene cierta razón al equiparar la genialidad, expresada como creatividad, y a las enfermedades mentales –según parece constatar investigación científica reciente. Existe una relación entre las enfermedades mentales, propias o familiares, y el desarrollo del pensamiento creativo (también conocido como pensamiento divergente). Pero vale la pena preguntarse también si esos diagnósticos clínicos o si esta supuesta locura en realidad es una enfermedad mental. La misma persona, naciendo en el seno de una comunidad del Amazonas, con las mismas características mentales que una persona en Boston, por ejemplo, podría convertirse en chamán y guía de su tribu, cuando este mismo individuo en Estados Unidos seguramente sería marginado, recluido y reducido con fármacos que, destinados a curar su divergencia mental, apagarían toda su chispa creativa.
La Neurociencia de la Creatividad
La investigación más extensa sobre la relación entre la creatividad y las enfermedades mentales ha sido publicada recientemente por investigadores del Instituto Karolinska de Suecia, quienes analizaron hasta 40 años de datos en registros de 1.2 millones de personas. Los resultados muestran que las familias con una historia de depresión bipolar y esquizofrenia tuvieron mayores probabilidades de producir artistas y científicos –los escritores, por ejemplo, tuvieron una mayor probabilidad de ser diagnosticados con esquizofrenia, depresión, ansiedad y abuso de drogas, y un 50% más de probabilidades de suicidarse.  
También en el Institu Karolinksa, se descubrió hace dos años que existe cierta similitud entre el cerebro de las personas creativas y las esquizofrénicas, ambas con una menor cantidad de genes receptores de dopamina (D2), lo cual teorizan podría ocasionar un menor grado de filtrado de señales y por lo tanto un mayor flujo de información. Esto coincide con la teoría de que la creatividad está ligada a un mayor acceso a la mente inconsciente.
Aunque los investigadores son precavidos y piden no exaltar las enfermedades mentales –en función a estar ligadas con la creatividad– postulan lo que podría ser un cambio de paradigma en el tratamiento: “Si uno toma la perspectiva de que algunos fenómenos asociados con la enfermedad del paciente son benéficos, esto abre una vía para un nuevo acercamiento al tratamiento”, dice el Dr. Kyaga.
En su investigación sobre la creatividad y los procesos neurales que la acompañan, A Journey into Chaos: Creativity and the Unconscious, la Dra. Nancy Andreasen propone una teoría de la creatividad ligada al flujo del pensamiento inconsciente. Basándose en estudios realizados con sujetos del Writers Workshop de la Universidad de Iowa, propone un modelo de creatividad bajo el acrónimo R.E.S.T, esto es  random episodic silent thought (pensamiento aleatorio silencioso episódico). Andreasen sugiere que “las regiones que parecen estar más vinculadas al proceso creativo son las del córtex asociativo, las regiones cerebrales que están más activas durante REST, cuando una persona se encuentra involucrada en pensamiento de asociación libre no censurado”. Lo cual la hace concluir que la creatividad surge de la mente inconsciente. Esto también para explicar los procesos de la llamada “inspiración” o momentos Eureka en los que la mente parece estar vagando libremente, sin cuitas específicas, cuando de esta aparente relajación del problema o cuestión que le atañe, surge una epifanía. Probablemente al liberar a la mente del escrutinio racional, esencialmente reduccionista y fragmentario, pero ya asimilando la información que la razón ha puesto dentro de la caja, puede salirse de la caja y ver la imagen completa. Dejar que el sistema operativo sea controlado aunque languidamente por el inconsciente sugiere que entramos a un estado mental en el que podemos acceder a una mayor cantidad de información: todas las memorias que tenemos debajo del umbral cognitivo, reprimidas o simplemente inactivas –memoria hasta del inconsciente colectivo– integradas en la ráfaga de una idea. Y como dice Andreasen: “Durante el proceso creativo, el cerebro trabaja como un sistema autoorganizado”, lo cual sugiere un carácter holístico, es decir, el acto creativo es un acto que toma toda la información del sistema para producir algo nuevo o una nueva forma de entender el todo.
Generalmente se cree que los hombres de genio, como Einstein o Mozart, encuentran sus ecuaciones o sus sinfonías en la naturaleza, como si estuvieran flotando ahí en un mundo eterno de las ideas. Quizás esto sea solamente otra forma de decir que entran en contacto depurado con la información del inconsciente. De igual manera, los chamanes señalan que obtienen sus conocimientos, por ejemplo la medicina de la ayahuasca, de sus ancestros o de los espíritus de la naturaleza. Es posible que exista una memoria colectiva a la que, a través de una resonancia mórfica, en ocasiones tenemos acceso o sintonizamos. Esta memoria quizás no se ubique en el cerebro como tal sino en la naturaleza misma, en un campo morfogenético, como teoriza Rupert Sheldrake. Esto también explicaría la llamada inspiración –una palabra que contiene el prefijo  latino in (dentro) y el verbo “spirare”, respirar; la misma etimología que la palabra espíritu, cuyo significado en latín es aliento. Respirar entonces es equivaente a ingerir “espíritus”. Estos espíritus son los que inspiran el conocimiento o la creatividad. Curiosamente en sánscrito el término para la memoria cósmica y el éter es el mismo: akasha.
Hamlet VS la Matrix
La única diferencia
entre un loco y yo,
es que yo no estoy loco.
Dalí
Actualmente existen datos que sugieren que cerca del 20% de los estadounidenses padece algún tipo de enfermedad mental; otras cifras pronostican que hasta 2 mil millones de personas podrían padecer demencia en el 2050. La Asociación Americana de Psiquiatría cada vez acuña  una mayor cantidad de enfermedades, un aumento exponencial se ha registrado en los últimos 50 años pasando de 130 a 357 enfermedades mentales clasificadas, incluyendo una nueva que llama  ”trastorno de desafío oposicional” (ODD, por sus siglas en inglés) y  define como “un patrón constante de comportamiento desobediente, hostil y desafiante”.
Volvemos a plantear la pregunta, ¿en realidad la estructura mental de estas personas que están siendo recluidas en instituciones mentales, marginadas de la sociedad y dosificadas con fuertes fármacos –alimentando una multimillonaria industria– es enferma y congénitamente disfuncional? O ¿es solamente enferma y disfuncional bajo un paradigma, relativamente reciente, con el que la sociedad y el poder establecido busca defenderse de las fuerzas del caos, de la incertidumbre y del cambio radical? Lo cual nos hace recordar lo que dijera J. Krishnamurti: “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. O la introducción a la Historia de Locura de Foucault, con esta cita de Pascal: “Los hombres son tan necesariamente locos que habría que estar afectado por otro giro de locura para no estarlo”. Uno puede sospechar que, paradójicamente, un mundo como el nuestro solo la locura lo cura.
“Amor conducido por la locura”
En su imprescindible texto Historia de la locura en la época clásica, Michel Foucault explica  cómo partir de la desaparición de la lepra, la locura llegó a ocupar su posición de exclusión. Antes,  los locos eran entendidos como aquellos que habían llegado demasiado cerca a la razón de Dios y eran aceptados en el medio de la sociedad. Pero ya en el siglo XVII, en lo que Foucault describe como el Gran Confinamiento, los miembros irracionales de la sociedad fueron sistemáticamente institucionalizados. Con la Ilustración la locura llegó a verse como la antípoda de la razón (que a su vez ascendió al trono único de las formas del conocimiento: algo que apenas hoy se empieza a cuestionar seriamente otra vez con la llamada inteligencia emocional y el movimiento feminista). Foucault también, dentro de su filosofía, describe como el cuerpo humano, estudiado en prisiones y hospitales, se ve sujeto al poder, se convierte en un mecanismo de poder para las instituciones: el cuerpo traducido en información.
El caso más emblemático en la literatura de un hombre que es llevado al exilio y finalmente a la muerte por una sociedad que lo rechaza, etiquetándolo como mentalmente enfermo, pero que aún así lleva a cabo el papel de reestablecer un orden más profundo –o al menos subvertir el existente para dinamizar un proceso de transformación. Esta tal vez sea la labor arquetípicamente trágica del “loco” en el drama cósmico de la vida.
En un principio Hamlet es capaz no solo de percibir lo que los demás no logran hacer (el fantasma de su padre), sino de asimilar (como lo hace un chamán, y a diferencia de Horatio) y descubrir a través de esta percepción paranormal una cuestión vital para su comunidad (el crimen por el que se ha elevado a su tío al trono de Dinamarca). Sin embargo, al denunciar este crimen, los dueños de la realidad lo exilian tanto física como simbólicamente (y de la misma realidad) desatando una energía psíquica que no podrá más que terminar en una tragedia.
Entre la iluminación y la locura, Hamlet desvela el mundo invisible, el mundo de los ancestros, que para los chamanes es la fuente de conocimiento principal:
There are more things in heaven and earth, Horatio,
Than are dreamt of in your philosophy
Y con maestría psicológica una sencilla frase que luego sería evocada por Milton cuando dijo: “La mente es su propio lugar y, en sí misma, puede hacer un Cielo del Infierno, un Infierno del Cielo”, y que actualmente forma la base del pensamiento new age:
There is nothing either good or bad, but thinking makes it so.
Y la más famosa de sus cavilaciones metafísicas, que daría pie al Aleph de Borges y que hoy llamaríamos “conciencia holográfica”:
I could be bounded in a nutshell, and count myself a king of infinite space.
Estas iluminaciones del Príncipe de Dinamarca coquetean con un mistiscismo culturalmente transversal, simbolizando joyas descubiertas por el entendimiento de quien ha viajado a los mundos que yacen más allá del trance consensual de la realidad cotidiana.  Y es que Hamlet, ya como símbolo universal que escapa de la ficción, ciertamente es digno de ser  rey o chamán, sólo que su comunidad no lo ha sabido proteger.
Chamanismo y arte: la mecha divina entre mundos
 ”El hombre loco y el chamán nadan en aguas donde el loco se ahoga”. Randy Moss
Como hemos visto, es posible que exista una tenue línea entre el hombre de genio o el hombre creativo y el enfermo mental. Esta línea quizás no tenga una demarcación fija, pero al ser marcada en un punto con dejos definitivos por la sociedad parece empezar a marcarse también en la realidad y en la mente de un individuo, cuya característica principal podría ser sólo tener una mente inusualmente divergente. 
A la par a la figura occidental del genio, existe en las tradiciones indígenas, aquellas más apegadas la convivencia con la Tierra, la figura del chamán. El chamán parece ser una versión más completa de lo que es para Occidente el artista. Como si un artista brillante (y rayando en lo que consideramos locura) hubiera tenido la oportunidad de florecer psicológicamente e incorporar todo una serie de técnicas ancestrales para crear y para curar. Como si un artista hubiera sido educado como un príncipe de la selva, mimado por las musas y los númenes y  llevado concienzudamente por los sabios (y magos) de la corte.
Al igual que el chamán el artista también cumple una función profética y una función sanadora. Según McLuhan: “El artista se involucra en detallar una historia del futuro ya que está consciente de las posibilidades inutilizadas del presente”. Y de nuevo: “El artista es el hombre en cualquier campo, científico o humanista, que palpa las implicaciones de sus actos y del nuevo conocimiento en su propio tiempo. Es el hombre de una conciencia integral”. Según Jodorowsky: “El arte que no cura, no es arte”. Otro en punto en común –entre el chamán, el loco y el artista– es que suelen dejar a un lado las improntas de la sociedad y regirse por su propio orden –o un orden secreto.  Todos estos son caminos para la individuación.
Una notable definción del chamán, es aquella de Terence Mckenna, que dice: “el chamán es el que ha visto el final”.  De su lectura del presente, de su penetración de la profundidad infinita o casi infinita de lo que existe aquí, detrás de los velos:  ”el chamán viaja a recuperar la joya perdida en el principio del tiempo… disuelve fronteras, trasciende los conceptos culturales de nuestra sociedad, viaja al mundo de las ideas  de Gaia y las trae de regreso en forma de arte, en su lucha por salvar al mundo”. En cierta forma, una intuición esotérica sugiere que el chamán vive constantemente el Apocalipsis en sus incursiones psicodélicas, y conforme a esa revelación dirige el timón del barco colectivo, para cumplir el sueño de la Tierra.
De aquí podemos extrapolar la posibilidad de que muchas personas, particularmente las esquizofrénicas, podrían convertirse, bien llevadas, en chamanes o artistas de gran creatividad. El esquizofrénico nada en las mismas aguas que el chamán, la diferencia es que el chamán tiene la confianza de su comunidad y miles de años de técnicas a las cuales recurrir para surfear las olas o frecuencias mentales de mundos superimpuestos que se agitan.
Al chamán se le se detecta en la comunidad desde temprano, por ciertas características, hereditarias y aprendidas, y se le dice: “tú curarás, tú profetizarás, tu guiarás”, etc, al esquizofrénico o al bipolar también se les detecta temprano y se les dice: “tú no encajas, tú eres un problema, tú no puedes cuidarte a ti mismo, tú estás enfermo,  tú debes de estar encerrado” y se le trata de manera que su divergencia se convierte en una enfermedad:  ”imagina si fueras un poco raro y la solución fuera ponerte en un lugar donde todos están locos”, un ambiente que seguramente tendría fuertes consecuencias en la salud mental. Pero de entrada esa supuesta enfermedad mental en muchos casos no existía –incluso actualmente se pone en duda que la esquizofrenia sea una enfermedad mental, ya que no presenta necesariamente degeneración cerebral. La seguridad, el reforzamiento de la familia, el cariño es vital para el desarrollo. Un chamán tiene la protección de la comunidad o de un círculo sagrado en cuyo centro está el fuego y en cuyo perímetro visible está la tribu; en su perímetro invisible yacen los espíritus guiardianes y ancestros. Un hombre loco está solo.
La diferencia estriba en tener una tradición para conducir la locura. Algo que los mismos griegos tenían, aunque padres primeros del imperio de la razón. Aristóteles decía que no existía “genio sin una tintura de locura”. En el Fedro, como recuerda Roberto Calasso, Sócrates señala que a través del “justo delirar” se puede alcanzar la liberación de los males. Y que la manía –que hoy siempre connota una enfermedad– es más bella que la sophrosyne, la mesura. Esto es porque “la manía nace del dios” mientras que la sophrosyne “nace entre hombres”. De lo que podmeos deducir que estamos medicando –mesurando–aquello que nace de los dioses en nosotros.  Roberto Calasso en sus libros muestra reiteradamente la importancia que tenía en diferentes culturas, como la griega o la india,  la posesión para el conocimiento y el desarrollo espiritual de un indiviudo, generalmente un héroe. La posesión era algo natural y biendeseado. El amor, por ejemplo, era entendido, literalmente como la invasión del Dios Eros, quien solivianta una pasión. Había un tipo de locura que venía de las ninfas, a la cual incluso los dioses, como Apolo, se entregaban. Esta divina manía era la del conocimiento místico. Incluso en los Vedas se habla que la inmortalidad del soma, solo se concede a través de la ninfa y de la serpiente. Hoy en día vemos la posesión cargada de una connotación negativa –hasta el punto de que si la detectamos inmediatamente buscamos interrumpirla y secluirla.
No tenemos los canales para explotar el conocimiento que viene por medios no ordinarios, como teníamos en aquellas ciudades enteras que se erigían alrededor de los oráculos o de los misterios, como Delfos o Eleusis, en la antigua Grecia. Dice Mckenna:
No tenemos tradicion del chamanismo, no tenemos tradición aventurándonos a estos mundos mentales, nos aterra la locura, le tememos porque la mente occidental es un castillo de naipes, y las personas que lo construyeron lo saben.

El Hilo Dorado de la Creatividad
Le tememos miedo a la locura, quizás porque la locura no tiene miedo. No tiene miedo al cambio, al misterio, a la destrucción, a la muerte (el chamán no teme la muerte porque ha visto el final). En cierta forma es un instinto de preservación, una manifestación de la eterna lucha entre el orden y el caos. Es necesario un tiempo para asentarse, pero también es necesaria una energía que irrumpa y movilice: rebeldía y revolución. La locura sin ser encauzada sólo subvierte y desordena; el chamán es capaz de cuidar el fuego como de desatar la tormenta.
El pensamiento occidental observa la vida como un problema que debe resolverse. El chamanismo como un misterio que debe vivirse. El chamán ama al  Gran Misterio, incluso le reza y lo eleva como uno de los nombres de la divinidad. Se arroja a él con coraje y confianza. “La naturaleza ama el coraje” (aquel impulso que vien del corazón), “tú haces el compromiso y la naturaleza responde a ese compromiso removiendo obstáculos imposibles… Este es el truco. Esto es lo que entendieron todos los maestros y filósofos que en realidad tocaron el oro alquímico, esto es lo que entendieron. Esta es la danza chamánica en la cascada. Así es como se hace la magia. Al arrojarte al abismo y descubir que es una cama de plumas”, dice inspirado Terence Mckenna.
Arrojarse al abismo –como el Loco del Tarot que se perfila sobre el desfiladero temeriariamente porque tiene al Sol atrás iluminándoo–, es lo que Carlos Castaneda llama “el vuelo abstracto” es entregarse al espíritu. Fe, que en palabras de Alan Watts, significa confiar en el misterio de la vida. Pero no es una fe ciega, es un reconocimiento, es un acto gratitud, puesto que el que se arroja ya ha visto de que está hecho el mundo. Ya ha comprobado la magia ya ha recibido los dones de la vida, solo necesita como última prueba disolverse en ella –para liberarse. Curiosamente el psicólogo Gary Fitzgibbon, dice que la creatividad también puede entenderse como una habilidad particular para “suspender la incredulidad”. Suspender la incredulidad, porque, como dijera Phillip K. Dick en Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas: “Todo es verdad… Todo lo que jamás alguien ha pensado es verdad”. La locura, se dice, es creer en algo que no es real. ¿Pero que sucede si somos capaces de crear lo que creemos?
Por último, quiero referirme al libro Gödel, Escher Bach: An Eternal Golden Braid, en el que Douglas Hofstadter traza los hilos conductores y conectivos que tejen la inteligencia humana en sus más altos puntos. Yo imaginó que existe un mismo hilo dorado de creación entre la locura, el chamanismo y el arte. Un hilo que se suspende en el abismo, que es la cuerda del equilibrista que cruza entre mundos, que es una especie de resortera que lo eleva, del inframundo a los mundos superiores (donde es un relámpago)  y que a la vez es un cable que lo mantiene conectado con la totalidad de la existencia que emerge del vacío cuántico. Es un hilo escurridizo y letal, pero con él se pueden tejer todas las historias y llenarlas de un misterioso polvo dorado. La visión de ese hilo dorado es lo que lleva a arrojarse al abismo –como si éste fuera “una cama de plumas”.
Twitter: @alepholo

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